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La economía actual no funciona

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Tesis: La economía actual no funciona. Se busca en cambio una economía solidaria, aprovechando y recortando unas palabras de Marilu Tratmann.

 

En la mayoría de los casos el default que conduce al derrumbe economico, acontece por escasez de divisas, escasez de divisas provocado a su vez por la disminución en las exportaciones, una disminución en las exportaciones que no es otra cosa que la producción de bienes y servicios que nadie quiere o puede comprar.

 

Un segundo gran culpable –aunque a juzgar por las medidas de rescate no lo es tanto– es el sistema financiero, esa gran masa de dinero que recorre el mundo en busca de una mayor rentabilidad. Aparecen las sociedades de inversión, que se comprometen a administrar ahorros privados que en el corto plazo podrán ser devueltos en mayor cuantía. Ante un fenómeno como este, utilizando el simple sentido común, la pregunta cae de cajón: ¿qué está pasando en el mundo que los dueños del dinero prefieren invertir en el sistema financiero en vez de invertir en el sector real de la economía? El sector financiero tiene como rol el facilitar el proceso de ahorro-inversión, facilitar el acceso a fondos monetarios a las personas que desean invertir, es decir, crear riqueza, producir bienes y servicios que sirvan a las personas. Sin embargo, obtienen su riqueza a partir de traslados de dinero desde un lugar a otro, sin que este se convierta en incremento de la riqueza real.

 

Pese a que la globalización es un proceso en marcha que no se cuestiona, pese a la existencia de una estructura productiva mundial, pese a la profundización de la división internacional del trabajo, pese a la circulación mundial de mercancías y de capitales, los diagnósticos OFICIALES ciales sobre la crisis persisten en análisis nacionales para buscar sus causas, el análisis internacional queda reducido al “efecto contagio”.

 

 

Sin embargo, la economía mundial presenta una dinámica propia, que es, como se señalaba anteriormente, algo más que la suma de las economías nacionales; así como la producción total de una nación requiere que se produzca el equilibrio entre oferta y demanda, hoy, dada la interdependendencia de la producción a escala mundial, este equilibrio debe producirse también en ese nivel. Es así como autores que toman como unidad de análisis la economía mundial, más allá de sus divergencias, coinciden en que las sucesivas crisis tienen su raíz en la sobreproducción. Es la abundancia, a nivel de la economía mundial la que provoca la escasez en las economías nacionales. Desde ya, Keynes, en una época en que el capitalismo aún tenía su base en las economías nacionales, señaló que la causa de las crisis estaba en la insuficiencia de la demanda efectiva, es decir en la falta de gasto o, mejor dicho, en una producción relativamente sobrante, de manera que la manera de resolverla era incrementar el gasto del Estado, receta que permitió que las economías de los países desarrollados vivieran lo que se llamó la época dorada de la postguerra. Remontándonos más atrás nos encontramos con una autora como Rosa Luxemburgo, que nos señalaba dramáticamente que “los obreros quedan cesantes por haber producido demasiado”.

 

Entre autores actuales, podemos mencionar a Robert Brenner, historiador, quién publicó en 1998 La economía de la turbulencia global El autor postula que esta seguidilla de crisis es parte del gran ciclo descendente de la economía mundial, cuya existencia se basa en la competencia intercapitalista que provocó la sobreproducción. El incre mento de la producción proveniente de Japón y Alemania implicó una caída en la rentabilidad, y por ende en las inversiones y la producción:

Como resultado de la irrupción no planificada de los productos alemanes y japoneses de menor precio en el mercado, se reveló que los productores norteamericanos en particular habían so- bre invertido, en el sentido de que no pudieron asegurar la tasa de retorno establecida sobre sus asignaciones de capital y de mano de obra. El resultado de esto fue la capacidad excedente y la superproducción que llevó a una caída en la rentabilidad de conjunto en el sector manufacturero de las economías del G7. Entre 1965 y 1973, los productores norteamericanos sufren o no de la caída en la tasa de retorno sobre su stock de capital de más del 40%. Como el stock de capital manufacturero norteamerica- no representaba una porción tan grande en el total del G7, las economías del G7 sufrieron una caída en la rentabilidad manufacturera de conjunto de alrededor de un cuarto [25.5%] en esos mismos años (Brenner 1998).

Posteriormente, el autor presenta un artículo, publicado en la revista Against the Current Nº 132, enero-febrero 2008, en la que se analiza la crisis del 2008

La prolongada declinación en la acumulación de capital, así como la contención de los salarios por parte de las corporaciones para restaurar sus tasas de retorno, junto con los recortes del gobierno en el gasto social para reforzar las ganancias, han llevado a una caída en el crecimiento de las inversiones, el consumo y la demanda del gobierno, y por lo tanto en el creci- miento de la demanda de conjunto. La debilidad de la demanda agregada, consecuencia en última instancia de la reducción de la rentabilidad, ha constituido la principal barrera al crecimiento en las economías capitalistas avanzadas .La expansión económica tampoco ha sido suficientemente fuerte en Europa occidental o Japón (…).

 

Es decir, con una mirada de largo plazo, a la postre lo que no ha crecido es la demanda, ocasionando sobreproducción. En este sentido, en la medida en que se empeore la distribución de ingresos y en ausencia de gastos del Estado, es decir, en la medida que sectores mayoritarios de la población pierdan poder adquisitivo, el único mecanismo para equilibrar ingresos y gastos, oferta y demanda, es por la vía de la in- versión (o los gastos en publicidad), la que, a su vez, depende de las expectativas de los dueños del dinero, expectativas que estarán bajas si hay sobreproducción.

 

Existen otros indicadores que nos hablan de abundancia relativa; entre estos, la enorme cantidad de recursos utilizados en publicidad, las dificultades de las pequeñas y medianas empresas para colocar sus productos, la enorme cantidad de recursos financieros que recorren el mundo para obtener ganancias por la vía monetaria y no en el sector real, o la escasez de puestos de trabajo (abundancia de mano de obra desde otra perspectiva) productivo, en tanto sí abundan los trabajos en función de las ventas.

En este sentido, si la sobreproducción es la que agrava los problemas parciales de escasez, el crecimiento económico no garantiza el aumento del empleo ni la disminución de la pobreza a escala mundial.

 

 

 

  1. CRISIS ALIMENTARIA, ¿ESCASEZ DE ALIMENTOS?

Tal vez el tema de las crisis y la sobreproducción a un nivel tan general como el analizado anteriormente no logre graficar esto de que “falta por que sobra”. Podemos referirnos a otro tema de sensibilidad extrema, el tema de los alimentos.

Hacia mediados de 2010, en rueda de prensa, la directora del Programa Mundial de Alimentos, Josette Sheeran, cifró la cantidad de hambrientos en 1.020 millones de personas, algo así como el 17% de la población mundial. “Este año tenemos más personas hambrientas que nunca”, señaló Sheeran, quien hizo hincapié en que “muchas personas se despiertan (en el mundo) y no cuentan ni con una taza de comida”. Sin embargo, en el año 1994 se señalaba:

La realidad de los últimos decenios, en los que se ha dado el mayor crecimiento demográfico de toda la historia humana, ha desmentido totalmente las previsiones de Malthus. La producción de alimentos está aumentando desde los años 1950, especialmente en los últimos 30 años, a un ritmo tan rápido que ha superado el crecimiento de la población. A comienzos del decenio de 1960 la producción mundial de alimentos para consumo humano era sólo de 2.300 calorías por persona y día, cantidad que estaba distribuida de forma muy desigual. En 1994 había pasado a ser 2.710 calorías por persona y día, suficientes para permitir la correcta nutrición de toda la población humana (Echarri, 1998).

 

Es decir, en 1994 se producía en el mundo un 17% más de lo necesario para vivir, de acuerdo a los cánones establecidos por la FAO. 15 años más tarde se produce una crisis alimentaria que, sumada a la crisis financiera, aumenta el número de personas desnutridas en el mundo, pese a las metas del milenio. Es decir, no es precisamente la escasez de alimentos la que acarrea desnutrición en el mundo, sino la escasez de ingresos.

En la 31a Conferencia Regional organizada por la FAO, ocurrida en abril de 2010, Fernando Soto, director de políticas de la oficina de la FAO para América Latina y el Caribe, señaló que “El problema del hambre en América Latina no es de producción de alimentos sino de acceso a ellos, ya que en conjunto la región produce más alimentos de los que se necesita. América Latina es una región exportadora principalmente de cereales, y algunos países sudamericanos son exportadores netos de trigo, maíz y carne, algo que no ha impedido que tras la crisis el número de hambrientos haya ascendido a 53 millones de personas en la región, el mismo de hace 20 años”.

 

Desde luego, uno de los temas que se destaca con este análisis son los temas relativos a la distribución; sin embargo, atendiendo al tema que nos convoca, el de la escasez y la abundancia, parece interesante tocar parte de los debates que se han producido a raíz de la crisis alimentaria, que avalan la tesis planteada en estas páginas: la escasez provocada por la abundancia. En este sentido los debates sobre los productos agrícolas resultan ser esclarecedores. Así, por ejemplo, en las reuniones ministeriales de la Organización Mundial de Comercio, ante el alza de los precios de las materias primas –acaecida en el 2007–, se ha reiterado la necesidad de liberalización comercial, en general y del comercio de productos agrícolas, en particular, pues esta, a juicio de la OMC, conduce a una asignación más eficiente de los recursos y por tanto los alimentos se producen a menor costo. El libre comercio se traduciría en crecimiento de la producción, es decir, mayor oferta y con ello la disminución de los precios. Sin embargo, el fracaso de las negociaciones, y el tipo de argumentos utilizados en estas, nos muestran que los problemas están más relacionados con la escasez de mercados que con la escasez de productos. Muchos de los países más pobres señalan que, en tanto no se logren reducir los subsidios agrícolas que reciben los agricultores europeos y norteamericanos, sus productos no lograrán tener acceso a esos mercados. ¿Esto que es, escasez de productos o escasez de mercado?

Una muestra de esta situación a nivel mundial lo constituye la existencia del Grupo Cairns. En este grupo participa, entre otros, Chile. El grupo se formó en 1986, con el objeto de concretar la liberalización comercial. En la reunión en junio del 2009, se reconoció el gran progreso que se ha realizado en las negociaciones agrícolas; se evidenció la necesidad de trabajar sobre la fórmula de negociación, orientándola hacia el logro de mejoras substanciales “en accesos a los mercados, rebajas importantes en los subsidios a la producción y la eliminación de todos los subsidios a la exportación”164. Los países desarrollados no quieren eliminar los subsidios agrícolas, pues temen que su agricultura podría destruirse ante la invasión de productos agrícolas proveniente de los países más pobres, en tanto los países pobres lo son porque no pueden vender sus productos agrícolas ¿Es porque sobra o porque falta? Cuando se habla de un 17% de la población mundial con hambre, que el planeta es una aldea global y los agricultores sienten que no pueden vender su producción, es que hay serias fallas en la forma de organizar la toma de decisiones en el qué, cómo y para quién producir.

 

Lo que sí es un peligro real es una escasez a futuro en la producción de alimentos. Es en el mediano plazo que podríamos enfrentar una crisis alimentaria real, a raíz de las disputas por el uso de la tierra por un lado y por los problemas ambientales que se producen a raíz de la actividad humana, por el otro.

La orientación a las exportaciones en la que se han visto envueltos los países subdesarrollados, ocasionada por los llamados Programas de Ajuste Estructural exigidos por el Fondo Monetario Internacional y los acuerdos de liberalización comercial, no sólo no ha resuelto el problema del hambre en el mundo, sino que en el mediano plazo podría ocasionar problemas reales de escasez de alimentos. La ansiedad por el crecimiento basado en la rentabilidad privada, la necesidad por exportaciones que adolecen los países más pobres, ha
llevado a estimular notoriamente la inversión extranjera directa. Sin embargo, la instalación de la mencionada inversión invade territorios y recursos destinados originalmente a la producción de alimentos. Tal es el caso, por ejemplo, de la producción forestal que ha invadido territorio mapuche, Pascua Lama y los campesinos aimaras en el Norte de Chile, la salmonicultura y la pesca industrial que ha limitado la producción pesquera artesanal y ha significado el colapso de varias especies marinas, el antiguo boom de la harina de pescado con los mismos resultados165.

 

Debe señalarse que este tema no atañe solamente a Chile. Las páginas de Panamá informa y OCMAL (Observatorio de Conflictos Mineros en América Latina) nos muestran que estos conflictos aquejan a una gran cantidad de pequeños y medianos campesinos, así como a comunidades rurales de América Latina. Desde estas páginas se ha podido constas tar que la persecución del crecimiento de las exportaciones, bajo el pretexto de obtener mayores divisas para la importación de alimentos, conlleva el peligro de acarrear escasez de alimentos en el mediano plazo; por una parte transforma territorios destinados a la producción alimenticia de comunidades campesinas en territorios destinados a exportaciones, que no necesariamente son exportaciones de productos alimenticios. Tal es el caso de la producción de celulosa en Chile, o la de biocombustibles, o el caso de las exportaciones mineras.

 

Por otra parte, deben considerarse los problemas ambientales que acarrean en muchos de los casos la producción minera y también la agropecuaria en gran escala, así como las costumbres occidentales de alimentación. Los ejemplos abundan: temporeras en la producción de frutas en el caso de Chile, o en el Valle de Siria en Honduras, donde se han denunciado muchos efectos nocivos en la salud de las poblaciones cercanas (ver páginas de OCMAL, junio 2010). Por otro lado, está la deforestación asociada a este tipo de industria, ya que la minería requiere, en primer lugar, talar los árboles de la zona, y en segundo

 

 

165 Desde la perspectiva ecológica, la producción de harina de pescado resulta ser una muestra de ineficiencia energética: se destruye proteína animal para producir proteína animal lugar, literalmente “moler” la montaña para separar la tierra de los metales, utilizando para ello maquinaria pesada y químicos veneno- sos (lixiviación con cianuro de sodio), lo que implica la destrucción y contaminación tóxica del suelo. Los suelos donde se ha practicado la explotación minera de metales a cielo abierto no podrán ser utilizados para cultivos o para reforestación, teniendo impactos a largo plazo en la alimentación de las comunidades.

Otro impacto ambiental es en el agua. El impulso a la minería se da especialmente en las cuencas altas, donde, por razones geológicas, están los mayores yacimientos de oro y otros metales con valor estra tégico. Pero es también en las cuencas altas donde están la mayoría de nacimientos de agua, por lo que la deforestación, la sobreexplotación de las fuentes de agua y la destrucción del suelo interrumpen el proceso de recarga hídrica.

Como bien sabemos, el calentamiento global y la pérdida de la biodiversidad amenazan a futuro la producción de alimentos. La Asociación Americana para el avance de las Ciencias en San Diego advierte que las temperaturas más altas podrían reducir de manera considerable la producción de trigo, arroz y maíz, ingredientes básicos en la dieta de millones de personas que subsisten con un ingreso menor a un dólar diario. En este sentido, el crecimiento económico, al acelerar el calentamiento global, estaría contribuyendo a futuro a la escasez de productos alimenticios. Desde esta perspectiva, se señala que el manejo de los suelos agrarios y la utilización de fertilizantes sintéticos son parte de las emisiones planetarias de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo las industrias procesadoras y de distribución de alimentos, que incluyen transporte, empaque, refrigeración, procesa- miento y comercialización, son también grandes emisoras. Se calcula que el sistema agroalimentario llega a generar hasta un 50% de estas emisiones. Este gasto de energía y la contaminación ocurren dentro del sistema alimentario internacional en su sentido más amplio: el procesado, el empacado, la refrigeración, la cocina y la movilización de comida por todo el planeta contribuyen al calentamiento global, y por ende constituyen una amenaza en la disponibilidad de alimentos.

 

  1. LA RELACIÓN ESCASEZ-ABUNDANCIA Y LOS ASPECTOS

PSICOSOCIALES

 

Hemos intentado analizar la relación escasez–abundancia atendiendo única y exclusivamente a variables económicas; sin embargo, lo económico sucede en un sistema social en el que interactúan todas las variables sociales. En este sentido, la pregunta que guía las próximas páginas es sobre los efectos psicosociales que tiene un sistema económico y social que está construido sobre la necesidad de ir incrementando constantemente la producción y el consumo para lograr el equilibrio entre oferta y demanda efectiva, al decir de Keynes.

 

De hecho, la teoría económica parte de un concepto de individuo insaciable, cuyas necesidades son múltiples y jerarquizables, de manera que, para lograr un mayor nivel de bienestar, lo que se requiere es mayor disponibilidad de bienes y servicios, es decir crecimiento de la producción. Este concepto resulta ser ampliamente congruente con un sistema eco- nómico y social que adolece de sobreproducción y donde los temas de pobreza pretenden resolverse por la vía de un empleo que no logra recuperarse.

 

Una categoría que se puede utilizar como hilo conductor en el análisis sobre la supuesta insaciabilidad humana y abordar la relación entre fenómenos estructurales y fenómenos psicosociales, es la de “carácter social”, definido por E. Fromm como “el núcleo esencial del carácter de la mayoría de los miembros de un grupo; núcleo que se ha desarrollado como resultado de las experiencias básicas y los modos de vida del grupo mismo” (Fromm, 1941:263). Agrega más adelante que “el carácter social internaliza las necesidades externas (las necesidades de la sociedad), enfocando de este modo la energía humana hacia las tareas requeridas por un sistema económico y social determinado, es decir transforma las necesidades del sistema económico y social en las necesidades del individuo, (…) la función subjetiva del carácter es conducirlo a obrar de conformidad con lo que es necesario desde un punto de vista práctico y también a experimentar una satisfacción sicológica derivada de su actividad” (Ibíd., 1941).

 

De este concepto podemos destacar varios elementos importantes:

 

En primer lugar, se destaca el proceso continuo de adaptación dinámica entre las necesidades individuales y las necesidades de la estructura social, poniendo en cuestión la supuesta inmutabilidad de la especie humana, enfatizando la idea de proceso de cambio y de “adaptación dinámica” entre necesidades inherentes del ser humano y necesidades de la estructura social. En este sentido proporciona un marco teórico que además de cuestionar la supuesta naturaleza permanente y ahí storica del ser humano, nos entrega elementos claves para analizar la realidad desde la perspectiva de su transformación.

 

En segundo lugar, se destaca también la indispensable congruencia que debe existir entre aspectos psicosociales y aspectos económicos de una sociedad.

En tercer lugar, se hace una diferencia entre carácter individual y carácter social, superando de esta manera análisis deterministas y rígidos sobre la relación individuo-sociedad. Al respecto, el autor señala que esta capacidad de adaptación del ser humano a las necesidades estructurales de un determinado grupo tiene ciertos límites. “Si bien es cierto que las necesidades de la estructura económica y social de la comunidad moldean al hombre, su capacidad de adaptación no es infinita”, señalará el autor. Para Fromm, hay cualidades sicológicas inherentes a la especie humana que deben ser satisfechas y que originan determinadas reacciones si se ven frustradas. Entre estas cualidades se encuentran: tendencia a la realización de sus potencialidades, el pensamiento creador y crítico, la facultad de tener experiencias emocionales y sensibles diferenciadas, ser libres.

 

En conclusión, podemos señalar que una estructura social es estable en la medida no sólo que garantice el bienestar material de sus había- tantes, sino que garantice también las cualidades sicológicas inherentes al ser humano. El ser humano, carente de la capacidad de actuar por instinto, necesita de un marco de orientación y de devoción para sobrevivir. “Sin un mapa del mundo natural y social y del lugar que el individuo ocupa en este, los seres humanos se sentirían confusos y no podrían actuar con finalidad y coherencia, por que no podrían orientarse, ni encontrar un punto fijo que le permitiera organizar las impresiones que experimenta todo individuo. El hecho es que no ha existido ninguna cultura en que no exista este marco de orientación. Pero un mapa no basta para guiarnos en la acción, también necesitamos una meta que nos señale a donde ir; los animales no tienen ese problema, pues tienen el instinto y nosotros un cerebro que nos permite pensar en muchas direcciones. (…) Necesitamos ese objeto de devoción para dirigir nuestras energías, para trascender nuestra existencia aislada, con todas sus dudas e inseguridades y para satisfacer nuestra nece- sidad de darle sentido a la vida” (Ibíd., 1941).

 

A riesgo de simplificar en exceso el pensamiento de Fromm, podría señalar que premunido de los conceptos mencionados anteriormen te, más sus conocimientos sobre la historia económica y social de la humanidad y su vasta experiencia como sicoanalista, el autor investiga los efectos en el individuo de la estructura social y económica capita- lista, para concluir que esta estructura transforma el carácter social adecuándolo a las necesidades del mercado.

El prototipo del hombre moderno se fundamenta en la creencia de que es por la vía del mercado que podemos satisfacer todas nuestras necesidades, es el crecimiento económico el que garantiza dicha dis- ponibilidad; sin embargo, postulará el autor, dicha disponibilidad no calma la angustia existencial típica del hombre moderno, a la inversa, la acentúa. Es decir, un incremento del vacío existencial que pretende llenarse con más de lo mismo, más mercancía que a su vez requiere de un mayor poder adquisitivo que profundiza relaciones humanas competitivas que contribuyen a profundizar dicho vacío

 

Entre los fundamentos para llegar a tal conclusión expresados por el autor, podemos señalar los siguientes:

-En El miedo a la libertad, Fromm profundiza el concepto de libertad, señalando que el advenimiento de la modernidad hace al hombre más independiente, más crítico, otorgándole una mayor confianza en sí mis- mo, pero, al romper los vínculos de la tradición, lo transforma también en un individuo más solo, más aislado, más atemorizado; es decir, la modernidad si bien amplía las potencialidades del hombre, le impone la carga de hacerse cargo de sí mismo; en la medida que se vence a los antiguos enemigos de la libertad, surgen nuevos, constituidos por factores internos que obstruyen la realización plena de la personalidad: los vínculos antiguos no sólo ataban al individuo, sino que también le daban un sentido de vida, “un objeto de devoción”: “Tanto el desamparo como la duda paralizan la vida, y de este modo el hombre, para vivir, trata de esquivar la libertad que ha logrado” (Ibíd., 1941:289). Prefiere perder el yo porque no puede soportar su soledad. Así, la libertad –como libertad negativa- conduce hacia nuevas cadenas y algunas patologías sociales, como el nazismo, objeto de análisis en el texto mencionado, el consumismo, diríamos en estas páginas, funcional a la escasez de mercado. Fromm sostiene que pese a que la modernidad otorgó un enorme progreso a la personalidad, al liberar al hombre de los vínculos externos, en el capitalismo “El destino del hombre se transforma en el de contribuir al crecimiento del sistema económico, a la acumulación del capital, no ya para lograr la propia felicidad o salvación, sino como un fin último, por la satisfacción de las necesidades materiales. Sin embargo, aun cuando el principio de que debe trabajarse en pro de la acumulación de capital es de un valor enorme para el progreso de la humanidad, desde el punto de vista subjetivo ha hecho que el hombre trabajara para fines extrapersonales, lo ha transformado en el esclavo de aquella máquina que él mismo construyó, y por lo tanto le ha dado el sentimiento de su insignificancia e impotencia personales” (Ibíd., 1941).

 

Desde esta perspectiva, continua Fromm, “La relación concreta de un individuo con otro ha perdido su carácter directo y humano, asu- miendo un espíritu de instrumentalidad y de manipulación. En todas las relaciones sociales y personales la norma está dada por las leyes del mercado. Es obvio que las relaciones entre competidores han de fundarse sobre la indiferencia mutua. Si fuera de otro modo, cada uno de los competidores se vería paralizado, en el cumplimiento de su tarea económica, de entablar una lucha contra los demás, susceptible de llegar, si fuera necesario, a la destrucción recíproca”.

 

-En ¿Tener o ser?, Fromm nos presenta dos modalidades funda- mentales de la experiencia, estos son el modo de tener y el modo de ser. Ambas modalidades, a juicio de Fromm, están enraizadas en la experiencia humana y se reflejan constantemente en nuestra vida co- tidiana. Entre otros ejemplos, señalará que la diferencia entre el modo de tener y el modo de ser en la esfera del conocimiento, “se expresa en dos fórmulas: tengo conocimientos y conozco. Tener conocimiento es tomar y conservar la posesión del conocimiento disponible, co- nocer es funcional y sólo sirve como medio en el proceso de pensar productivamente. En la modalidad de ser, conocer significa penetrar a través de la superficie, llegar a las raíces. Conocer significa ver la realidad desnuda y no significa poseer la verdad, sino penetrar bajo la superficie y esforzarse crítica y activamente por acercarse más a la verdad” (Fromm, 1971:52). El amor, la fe, el proceso de aprendizaje, la sexualidad, la conversación, en fin, todas nuestras actividades pueden ser ejercidas desde la modalidad del ser o del tener. “La naturaleza del modo de existencia de tener surge de la naturaleza de la propiedad privada. En este modo de existencia lo único importante es adquirir propiedades y el derecho ilimitado de conservar lo adquirido. El modo de tener excluye al otro. La frase ‘Yo tengo algo’ implica que el otro no lo tiene” (Ibíd., 1971). Respecto al modo de ser, el autor señala se puede definir en dos sentidos, uno como “motivaciones genuinas y a menudo inconscientes que impulsan a los seres humanos”; el segundo significa vivir, permanecer activo, nacer, derramarse, moverse, ser productivo (Ibíd., 1971:79): “El hombre vivo, activo, es como una vasija que aumenta de tamaño mientras se llena y nunca se llenará”. Librarse del modo de tener es la condición de toda actividad genuina. La virtud suprema es el estado de actividad interior productiva y la premisa es superar todas las formas de estar atado al ego y a la codicia. El modo de ser tiene como requisitos previos la independencia, la libertad y la razón crítica, la actividad. En este sentido precisa la diferencia entre estar ocupado y estar activo “La actividad no alienada consiste en dar a luz algo, en producir algo, y permanecer vinculado con lo que se hace”, “los elementos básicos en el tener son la competencia, el antagonismo y el temor, si yo soy lo que tengo, la codicia es el producto natural de la orientación de tener. La codicia no tiene un punto de saciedad ya que la consumación no llena el vacío interno, el aburrimiento, la soledad y la depresión que se supone que debe satisfacer el modo de tener. En el modo de ser la propiedad privada tiene poca importancia efectiva, porque yo no necesito poseer algo para gozarlo. Nada une más sin limitar la individualidad que compartir la admiración o el amor a una persona, compartir una idea o una pieza de música, una pintura y aun las penas”. En definitiva, en el modo de ser no se precisa el llenarse de mercancías para experimentar la abundancia, en tanto en el modo de tener por más que incrementemos el acceso a nuevas y mayor cantidad de mercancías, el vacío interior y el temor a la soledad prevalecen.

Dicho de otra forma, el ser humano moderno se debate consciente o inconcientemente entre el ser y el tener, entre la libertad positiva y la adquisición de vínculos negativos, entre el ser auténtico, vinculado a lo/as otra/os en el amor, definido no como la posesión sino como “la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos”166 y las relaciones de competencia e instrumentalización.

En la época moderna el vacío existencial, consecuencia del modo de producción capitalista, se intenta compensar por la vía del gasto, de la adquisición de cosas, adoptar la modalidad de tener, de cosificar sentimientos funcionales a una economía de mercado que no logra colocar todos sus productos.

-En Anatomía de la destructividad humana completa el análisis, desarro- llando el concepto de “carácter mercantil”. “Para el carácter mercantil todo se transforma en artículo de comercio, no sólo las cosas sino la persona, su energía física y aun sus sonrisas. Este tipo caracterológico es un fenómeno nuevo, ya que es el producto de un capitalismo plenamente desarrollado que gira en torno al mercado –el mercado de artículos de comercio– el mercado del trabajo y el mercado de personalidades y cuyo principio es lograr un beneficio mediante un intercambio favorable” (Fromm, 1974:347). Llamó orientación mercantil a la orientación del carácter que está arraigada en el experimentarse a uno mismo como una mercancía, y al valor propio como un valor de cambio. En nuestro tiempo, la orienta- ción mercantil se ha desarrollado rápida y juntamente con el desarrollo de un nuevo mercado, el “mercado de la personalidad”. Empleados y vendedores, hombres de negocios y médicos, abogados y artistas, todos aparecen en este mercado. Si bien es cierto que difieren en cuanto a sus

 

 

166       Fromm agrega más adelante: “Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. La esencia del amor es ‘trabajar’ por algo y ‘hacer crecer’ El amor y el trabajo son inseparables. Se ama aquello por lo que se trabaja, y se trabaja por lo que se ama”.

 

respectivas situaciones, todos dependen, para lograr su éxito material, de una aceptación personal por parte de aquellos que necesitan de sus servicios o les dan empleo. “El principio de la evaluación es el mismo en el mercado de las mercancías que en el mercado de la personalidad; en uno se ofrecen personalidades a la venta; en el otro, mercancías. El ‘éxito’ depende en grado sumo de cuán bien una persona logre venderse en el mercado, de cuán bien pueda introducir su personalidad, de la clase de ‘envoltura’ que tenga, y de sus antecedentes” (Fromm, 1974).

 

En este sentido, siguiendo con las reflexiones de Fromm, la modernidad y la competencia acentúan la modalidad del tener, al mismo tiempo que los aspectos mercantiles del carácter social propio de la modernidad se acentúan con la competencia y la escasez de puestos de trabajo, profundizando la sensación de vacío existencial que se hace preciso llenar con mayor adquisición de mercancías, que a su vez refuerza las relaciones de carácter mercantil en un cuento de nunca acabar.

 

 

hacia un caos total con millones de víctimas, por violencia, hambre y guerra. Otro escenario sería el de crisis. Para ella, no acaba el mundo económico, sino este tipo de mundo, el neoliberal. El caos puede ser creativo, dando origen a otro orden diferente y mejor. La crisis tendría, por tanto, una función purificadora, abriendo espacio para otra oportunidad de producción y de consumo” (Boff, 2008).

El objetivo de este trabajo ha sido el de reflexionar sobre la relación escasez-abundancia, y desde aquí llegamos a una conclusión para- dójica: la increíble abundancia de artefactos que nos hace más fácil la vida a los seres humanos ha acarreado a su vez la escasez y amenaza con acarrear aún más escasez.

 

La abundancia ha acarreado la escasez, pues la actual estructura económica, a la vez que permite y exige para su sobrevivencia el crecimiento de la producción y el comercio, no permite el acceso a los bienes y servicios que ella misma produce. Este hecho cobra un brutal realismo cuando analizamos el tema relativo a la producción de alimentos. Esta relación abundancia-escasez crea episodios críticos cada cierto tiempo a escala mundial: son las llamadas crisis y rece- siones, que al parecer son cada vez más graves y más seguidas. Las políticas económicas que intentan resolverlas, si bien alivian la situa- ción parcial y momentáneamente, tienden a agravarlas en el mediano plazo; se pretende resolverlas con mayor crecimiento, sobornando a los empleadores para que retornen a la actividad económica, y de paso profundizan la desigualdad en la distribución de ingresos, agravando el problema al disminuir la demanda efectiva.

 

La abundancia ha acarreado escasez pues se intensifica nuestra mala relación con la naturaleza. La abundancia ha significado que el crecimiento económico se ha hecho a costa de recursos naturales y medio ambiente con un doble efecto: en primer lugar, el deteriorar las condiciones de vida de comunidades que tienen otras lógicas de producción, que al quedarse sin sus medios de subsistencia emigran a las ciudades en busca de fuentes de ingreso que se vislumbran única y exclusivamente en el empleo, es decir en el aumento de la producción por la vía de la escasez. En segundo lugar, al convertir recursos indispensables para la vida, como el agua, el aire y las tierras fértiles, en recursos escasos.

 

Por último, la abundancia ha acarreado la escasez al promover actitudes humanas orientadas al tener, a la libertad negativa, al antagonismo, provocando un vacío existencial que intenta llenarse con más de lo mismo: más mercancías. Vacío existencial absolutamente funcional a la estructura económica hoy predominante. Al mismo tiempo, al provocar “exceso de mano de obra”, “sobreproducción de trabajadores y traba- jadoras”, se acentúa la competencia ya no sólo entre empresas, sino también entre trabajadores, aumentando la sensación de aislamiento y angustia y lo que Fromm llama “carácter mercantil”, provocando a su vez el agravamiento de la alienación y el vacío existencial que pretende llenarse con más de lo mismo.

 

A lo largo de estas páginas he intentado entregar mi visión sobre la economía que tenemos y demostrar que la actual estructura económica globalizada nos conduce a la escasez, no sólo por temas estrictamente económicos, sino también por temas netamente humanos.

En este sentido, podemos señalar que referente a la economía que tenemos, la humanidad ha logrado un progreso considerable en la disponibilidad de bienes y servicios; sin embargo, hoy resulta absolu- tamente inoperante en lo que se refiere a la asignación de recursos, así como en garantizar calidad de vida para un parte mayoritaria de los habitantes del planeta, a tal punto que hoy, en pleno siglo XXI, el hambre afecta al 17% de la población mundial. Pero el tema no es sólo de distribución sino también de ineficiencia. Muchos de los esfuerzos por aumentar la producción, con el consiguiente desgaste de trabajado- res, trabajadoras y naturaleza, se convierten en bienes y servicios que nadie quiere o no puede adquirir: en desperdicio que se transforma en más desperdicio. ¿Cuántas toneladas de papel se gasta en publicidad?

 

La cesantía, el default, la concentración de la riqueza, la violencia, la corrupción, nos muestran una sociedad en crisis, en tanto la política económica, inspirada en la teoría económica ortodoxa, para resolver los temas atingentes a la producción se debate entre cuánto Esta- do y cuanto mercado son necesarios para garantizar los llamados equilibrios macroeconómicos; se está viendo “estallar los soles” y la teoría ortodoxa sigue enclaustrada en los dos paradigmas que guían su accionar, en restablecer la rentabilidad privada para que el mercado funcione eficientemente, como si la actividad económica girara en una órbita independiente de la actividad humana. En este sentido es que hace falta una reestructuración profunda de la teoría, una reestructuración de ribetes semejantes a la experimentada por la física cuando la física newtoniana dio paso a la física cuántica, donde se integren los aportes desde otros saberes sobre la sociedad en que vivimos, ampliar la mirada no sólo en términos de tiempo y espacio (incorporar la historia y la perspectiva de la economía mundial), sino también abordar el concepto de sociedad como un todo, un organismo vivo en permanente cambio en el que las diversas esferas de la realidad interactúan entre sí.